Fundamentos Holísticos para la Evaluación y Regulación de la Ingeniería Genética y los Organismos Genéticamente Modificados – Cuestiones Éticas- Dr. Hugh Lacey

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Desde el 3 al 10 de noviembre tuve el privilegio de asistir al II Curso Latinoamericano de Bioseguridad y OGMs, organizado por la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) (http://ufsc.br/), con la participación de Genok (Center for Biosafety) de Noruega (http://genok.com/), Third World Network (TWN) de Asia (http://www.twnside.org.sg/), y otros. Científicos, reguladores y sociedad civil de toda Latinoamérica, Europa y Asia presentando sus preocupaciones y precauciones al momento de evaluar y regular el uso de organismos genéticamente modificados en sus respectivos países, y cómo proteger, al mismo tiempo, la biodiversidad y la sociedad en general sobre sus posibles (y reales) riesgos y daños, basados siempre en el Principio de Precaución y aplicando un enfoque precautorio. Lo interesante de este curso fue su visión “holística” sobre estos temas y enfoque… ciencia de laboratorio de la mano con las ciencias sociales, se le da la misma importancia y las hace inherentes una de otra al momento de evaluación de riesgos y posibles  legislaciones. Es aquí cuando fui testigo de la siguiente charla, dada por el Profesor Emérito de Filosofía de la Universidad de Swarthmore, Pennsylvania, el Doctor Hugh Lacey, filósofo de la ciencia- antes matemático- enfocado principalmente en las temáticas éticas y valóricas que presentan la investigación, desarrollo e innovación de los transgénicos y su uso en agricultura y alimentación, autor de una variedad de libros, disertaciones y documentos sobre este tema. Quedé maravillada por su lucidez, su lenguaje cercano, su humildad y claridad referente a su postura. Es por esto que he elegido su charla como primer “informe” sobre lo vivido- y aprendido- en este impecable curso.

Pueden ver el currículum del Dr. Lacey en http://www.swarthmore.edu/academics/philosophy/faculty-and-staff/hugh-lacey.xml y en http://www.iea.usp.br/pessoas/professores-visitantes/hugh-lacey

“Fundamentos Holísticos para la Evaluación y Regulación de la Ingeniería Genética y los Organismos Genéticamente Modificados” – Cuestiones Éticas.

 

Hugh Lacey

Universidade de São Paulo / Swarthmore College

 

Las temáticas éticas conectadas con el uso de transgénicos son muchas y variadas, y con el poco tiempo del que dispongo no puedo esperar cubrirlas todas. Lo que haré es introducir una forma de pensamiento sobre estas temáticas éticas, en el cual la apreciación de valores éticos del uso de transgénicos debe involucrar comparaciones con otros enfoques en agricultura. Entonces, se vuelve aparente de que el valor atribuido a los transgénicos deriva principalmente de su contribución hacia el fortalecimiento de los valores del capital y el mercado, y no de consideraciones éticas fundamentales.

            Mi punto de referencia es el derecho a la seguridad alimentaria para todos y en todo lugar (y el derecho al acceso a alimentos nutritivos que no produzcan efectos adversos a la salud humana) – relacionados con valores de justicia social y participación social en la toma de decisiones democráticas. El discurso ético que genera requiere la contribución esencial de ciertos tipos de investigaciones científicas – investigaciones que yo llamaré ‘el espacio de alternativas agrícolas’. Los actuales usos de los transgénicos están articulados en un ‘discurso de legitimización’ que ignora este punto de referencia. Es importante desafiar muchas declaraciones hechas en el discurso de legitimización del uso de transgénicos (como sucede en este curso). También es importante reconocer las presuposiciones fundamentales  que lo estructuran, y rechazarlas categóricamente. Trataré de ser claro.

Los transgénicos son innovaciones tecnocientíficas, productos de la investigación científica (en biología molecular y biotecnología). Sin embargo, el desarrollo e implementación de los transgénicos usados en la actualidad deriva principalmente de las prioridades establecidas por el agro- negocio y sus aliados entre agricultores y gobiernos. Los transgénicos llevan la etiqueta de corporaciones agrícolas, y sus defensores los representan como los portadores del manto de la ciencia –donde subyace el implacable empuje para introducir los transgénicos alrededor del mundo como la base de la transformación de la agricultura, y por ganar efectivo control en todas sus dimensiones.

            En el discurso de legitimización que acompaña este empuje, se dice (i) que la ciencia atestigua el valor de los transgénicos, sus beneficios, su seguridad, y la falta de alternativas viables a su uso; y (ii) que los cuestionamientos éticos sobre la seguridad pueden ser (y son) completamente resueltos por medio de evaluaciones de riesgo ‘científicas‘y, basadas en ellas, introducir regulaciones  en caso de contener cualquier daño potencial. Entonces, los opositores a la expansión de transgénicos son retratados como ignorantes de la ‘ciencia sensata’, teniendo solo una motivación oscura negativa anti- ciencia, y también como ‘poco ética’, apuntando a crear obstáculos para los desarrollos científicos y tecnológicos que contribuyan hacia el ‘desarrollo’ y hacia aliviar el sufrimiento. Este discurso de legitimización está impregnado por la presuposición incontestable de legitimización del uso de transgénicos, y de su rol central en políticas alimentarias y agrícolas. Digo ‘incontestables’: la investigación, desarrollo e innovación de los transgénicos han reflejado una concepción de investigación científica como investigación que apunta al desarrollo de innovaciones tecnocientíficas que contribuyen hacia el crecimiento económico, donde hay una presunción general (posición por defecto) de que la implementación de innovaciones (sin demora) es legítima, a no ser ( o hasta que) se presente evidencia científica convincente para sustentar que existen daños/ riesgos que no pueden ser abordados por regulaciones apropiadamente diseñadas – y que la carga de la prueba recae en los críticos para que produzcan dicha evidencia.

            Cuando uno mira todo esto ‘holísticamente’, uno ve rápidamente que este discurso está lleno de declaraciones indefendibles – No diré mucho de ellas, ya que este curso deja esto muy claro. Es importante desafiar y refutar estas declaraciones indefendibles. Sin embargo, no es suficiente para amenazar el discurso de legitimización del uso de transgénicos. Este discurso mantiene que los únicos planteamientos éticos del uso de transgénicos se refieren a posibles daños y riesgos. Se alegra en abordar a los críticos mientras que esto no sea cuestionado. Presupone no solo que el uso de transgénicos es legítimo, si no que no existe alternativa para ellos al  conceder tan importante rol en la agricultura del futuro. Si esto es así, seguirá que restringir la expansión de transgénicos llevará a la expansión generalizada del hambre, seguramente un riesgo mayor que todos los citados por sus opositores; si no hay alternativa, los riesgos pueden ser expuestos por todas partes sin tocar la legitimidad del uso de transgénicos. Por lo tanto, es importante no estar tan ocupado solamente en desafiar las declaraciones hechas sobre la falta de riesgos, que uno deja de lado al tomar en cuenta explícitamente esa presunción fundamental de que no hay alternativas viables.

            Necesitamos un discurso ético alternativo, en el cual esta presunción esté abierta a cuestionamientos, y  (como dije al inicio) en el cual el derecho a la seguridad alimentaria para todos en todas partes (y relacionado con valores de justicia social y participación popular) sea el punto de referencia para poner a prueba la legitimidad del uso de transgénicos (o cualquier otro enfoque agrícola). En el discurso propuesto, las temáticas éticas no están limitadas a aquellas de riesgos/daños, e involucran la toma de decisiones centrales entre las alternativas. ¿Hay mejores alternativas que usar transgénicos? – donde la ‘carga de prueba‘involucre mostrar la contribución hecha para asegurar el derecho a la seguridad alimentaria.

Tomo el fundamento de la ética concerniente al florecimiento humano, el bienestar de todos en todas partes, de todos (incluyendo miembros de las futuras generaciones) quienes puedan ser afectados por los impactos de nuestras acciones. La ética se encarga de las características que definen las vidas que manifiestan bienestar y las relaciones entre las personas, entre ellas y el ambiente natural (y, a lo mejor, Dios u otros seres espirituales), las cuales son necesarias para el cultivo del bienestar propio y de otros, y de aliviar el sufrimiento humano. Para su identificación, estas características y relaciones, que pueden ser culturales, sociales y diferencias personales, son las bases de las normas y principios éticos y para emitir juicios sobre cuáles son nuestros deberes y responsabilidades y sobre qué es legítimo al momento de la acción. También son el criterio base al momento de optar entre posibles cursos de acción o políticas públicas y para evaluar y regular el comportamiento y las instituciones sociales. Repito que la primera preocupación de la ética es el florecimiento humano – ‘¿qué hacer?‘Para el bien del florecimiento humano; entonces provee el contexto para ‘¿que no hacer?‘Para el bien de no hacer daño.

Soy un filósofo de la ciencia – una disciplina para la cual una pregunta importante es: si es que y cómo las prácticas científicas dominantes actuales (incluyendo aquellas concernientes a la agricultura), y aplicaciones de sus descubrimientos, contribuyen (o podrían contribuir) hacia el cultivo del florecimiento humano.

            Esto me ha llevado específicamente a hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo debiera ser conducida la investigación científica, y por quién, con qué prioridades y usando qué clase de metodologías; y cómo debieran ser desarrolladas y administradas las tecnologías para que se asegure que la naturaleza sea respetada, que sus poderes regenerativos no sean socavados aún más y restaurados cuando sea posible; y que los derechos, bienestar y condiciones para la participación constructiva en una sociedad democrática sean acentuados para todos en todas partes?

            Esto implica priorizar las siguientes preguntas en las agendas de investigación a largo plazo sobre alimentos y materias agrícolas– Las llamo preguntas sobre  ‘el espacio de alternativas agrícolas’, y las dividiré (por conveniencia) en tres grupos:

  1. ¿Qué métodos agrícolas – convencional, orientados hacia la transgenia, orgánica, subsistencia, biodinámica, agroecológica, permacultura, ecológicamente sustentable, sistema de intensificación de arroz, indígena y otras, incluyendo aquellas adaptadas a ambientes urbanos – y en qué combinaciones y con qué variaciones locales específicas pueden ser sustentables (incluyendo en la presente situación de calentamiento global/ cambio climático), relativamente libre de riesgos, y lo suficientemente productivas cuando sean acompañadas por métodos de distribución viables (que tomen en cuenta la trayectoria de las crecientes concentraciones de personas en escenarios urbanos), para que suplan las necesidades nutricionales y de alimentos para toda la población mundial en el futuro predecible?
  2. ¿Podría un sistema de alimentación ser implementado con una multiplicidad de enfoques complementarios específicos- locales, de opciones- locales, de dirección- locales para la producción de alimentos en su núcleo, que (con los enfoques apropiadamente combinados) podría ser simultáneamente: (a) altamente productivos en comestibles nutritivos, ambientalmente sustentables y protectores de la biodiversidad; (b) en armonía con (y en fortalecimiento de) comunidades de personas rurales y las variaciones de sus valores e intereses con posición y cultura; (c) aplicables en contextos (e.g., pequeñas granjas en regiones empobrecidas) donde la labranza industrial tenga poca aplicabilidad, y por lo tanto particularmente aptos para contribuir a la seguridad alimentaria al asegurar que las poblaciones rurales estén bien alimentadas y nutridas y sean capaces de resistir la aún mayor consolidación de los patrones actuales del hambre; y (d) cuando acompañados por métodos de distribución apropiados y localmente orientados, sean capaces de jugar el rol principal en la producción de alimentos necesarios para alimentar y nutrir la población mundial en crecimiento?

¿Notan que estas preguntas no presuponen, ni excluyen (previo a ser captados por la investigación) que los transgénicos pueden o deben tener un rol mayor en las prácticas agrícolas? Llevan, sin embargo, hacia las siguientes preguntas específicamente pertinentes a los transgénicos:

  1. ¿Debiera tal sistema de alimentos (descrito en 2) tener la capacidad productiva comparable (o mayor que) aquella de los transgénicos? ¿Podría satisfacer las necesidades alimentarias y nutricionales en contextos (e.g., pequeñas granjas en regiones pobres, comunidades indígenas) en donde los métodos transgénicos poseen poca aplicabilidad? Si dicho sistema de alimentos carece de capacidad productiva, ¿cuáles son sus limitaciones, y hay cimientos basados en la investigación científica para esperar que la introducción de una agricultura orientada a los transgénicos (¿utilizando transgénicos de cuáles plantas y con qué propiedades?) podría superarlos? ¿Cuál es la capacidad productiva a largo plazo que puede ser alcanzada con el uso de transgénicos? ¿Es suficiente para suplir las necesidades alimentarias de la totalidad de la población mundial? ¿Qué condiciones son necesarias para alcanzar esta capacidad – de forma segura? ¿Bajo qué arreglos socioeconómicos (y qué escala de producción de alimentos) se pueden poner estas condiciones en marcha?

Si los transgénicos son necesarios o no en las prácticas agrícolas de producción de alimentos, y qué rol debieran acordar en la investigación, el desarrollo y la innovación de los transgénicos en políticas agrícolas y alimentarias, no pueden ser establecidas sin la consideración de evidencia relacionada a las respuestas del racimo de preguntas previas. Estas son preguntas para las agendas de investigación a largo plazo – y, por supuesto, las respuestas definitivas no pueden ser dadas actualmente. No obstante, hay mucha evidencia disponible hoy sobre (e.g.) la capacidad y sustentabilidad productiva de la agroecología y su rol en asegurar la salud social y fortalecer a las comunidades locales, y sobre el rol de los agricultores familiares al producir la gran mayoría de los alimentos consumidos a lo largo del mundo hoy – aunque aún quedan preguntas para investigaciones en curso sobre cuánto son capaces de expandirse estos enfoques (¿serán proveídos con más recursos para investigación y desarrollo?), y por lo tanto, si, en el largo plazo, necesitarían ser suplementadas por algunas formas de agricultura de alto insumo.

Las preguntas planteadas en los tres racimos son preguntas científicas – siendo determinadas (en el largo plazo) apelando a pruebas empíricas. Sus respuestas poseen una importancia ética.

            Sin embargo, los transgénicos no fueron introducidos como respuesta a la consideración del espacio de alternativas, después de tomar en cuenta la evidencia disponible y considerando la importancia ética de variadas alternativas. Los transgénicos, por supuesto, son producto de investigación y desarrollo en biología molecular y biotecnología, son productos científicos (tecnocientíficos). Pero las preguntas científicas que guiaron el desarrollo de los transgénicos por parte de corporaciones del agronegocio y su implementación en prácticas agrícolas no fueron sobre el espacio de alternativas – si no más bien fueron como: “¿Qué rasgos, que serían útiles para las metas del agronegocio, pueden ser manipulados dentro de las plantas usando las técnicas de recombinación genética?” – a la fecha, principalmente los rasgos de resistencia a herbicidas y pestes.

El éxito de la producción de transgénicos con estos rasgos, y su eficacia, no sustentan que los transgénicos son necesarios para suplir las necesidades alimenticias del mundo y que ellos debieran convertirse en prioridad en las políticas agrícolas. Más recientemente, los partidarios de los transgénicos también han propuesto la pregunta: “¿ cómo pueden los resultados de la investigación de transgénicos ser usados en países empobrecidos para que resuelvan el problema de agricultores de baja escala (e.g., producción en agroecosistemas pobres) y sus comunidades (e.g., hambruna y malnutrición)?” esta pregunta está implícita en el racimo 1 más arriba – pero no puede ser respondida adecuadamente de manera aislada del orden de preguntas del racimo, y, consecuentemente, sin investigar el contexto histórico y socioeconómico de los problemas dirigidos a ser resueltos por el uso de transgénicos.

            A pesar de sus orígenes científicos, la introducción de transgénicos a las prácticas agrícolas no posee el sustento de la investigación científica sensata. Los resultados de la investigación científica no sustentan (ahora) que los transgénicos son necesarios, y ciertamente tampoco que puedan contribuir a la obtención de la seguridad alimentaria para innumerables personas pobres en muchas regiones del mundo. Estas declaraciones, que son repetidas insistentemente en el discurso de legitimización del uso de transgénicos, carecen de base científica, ya que están hechas sin tomar en cuenta el espacio de alternativas. Hacer centrales la investigación, desarrollo e innovación de los transgénicos en las políticas agrícolas no apunta a rectificar los problemas de la inseguridad alimentaria – por lo tanto, es contraria a estándares éticos decentes. Otros enfoques debieran ser priorizados en estas políticas.

            A pesar de carecer de sustento científico y ético, para el futuro predecible, la investigación, desarrollo e innovación de los transgénicos continuará siendo el centro de las políticas agrícolas. Esto es por el poder del agronegocio, los intereses del mercado y los gobiernos comprometidos con políticas basadas en el mercado, la visión de la ciencia (actualmente predominante) como investigación que apunta a las innovaciones tecnocientíficas que contribuyan hacia el crecimiento económico, y la visión de que la innovación científica es indispensable para el ‘desarrollo’. Este acechante hecho socioeconómico no puede ser ignorado cuando se trata de abordar las preguntas del espacio de las alternativas. Las preguntas se refieren a qué clase de sistema de alimentos podría de hecho ser desarrollado (no simplemente lo que pueda ser imaginado), y por lo tanto, la necesidad de ser interpretado en contra del historial de cómo moverse desde el estado presente de los asuntos hacia el sistema más deseable – cómo encontrar espacio social (económico, agrícola) para fortalecer y expandir las prácticas sustentables ya establecidas y para superar las fuerzas del sistema prevalente que usa su poder para socavar trayectorias que entran en conflicto con las suyas.

Mi declaración es que no hay sustento científico no ético para la centralidad de la investigación, desarrollo e innovación de los transgénicos en prácticas agrícolas. Esto no significa que la investigación y desarrollo de los transgénicos no debiera continuar – pero su prioridad y foco deben ser estimados en contexto de otras posibilidades del espacio de alternativas. Y no insinúo que todos los usos de los transgénicos debieran ser prohibidos. Aparte de la consideración de que el uso de transgénicos no puede ser reemplazado instantáneamente, los transgénicos pueden formar una parte de la mezcla de enfoques agrícolas que serán necesarios en el futuro. (Lo dudo, pero es difícil descartarlo de manera definitiva sin antes saber qué pueda ser posible con los transgénicos en el futuro, especialmente si fuesen desarrollados bajo diferentes condiciones socioeconómicas.)

            Más aun, aparte de los temas sobre políticas públicas, algunos agricultores quieren plantar y cosechar transgénicos, y las corporaciones quieren venderlos, por los beneficios que esperan ganar para ellos. Declaran que tienen derecho a hacerlo, a optar por criar y vender lo que ellos decidan sin ser prohibidos de hacerlo (y algunos pueden decir que sin fiscalización o regulación). Y, de hecho, poseen este derecho, siempre y cuando el ejercicio de este derecho no cause daño a otros. Este es un principio ético. Si causa daño o no, sin embargo, o si hay riesgo de causar daño, es un asunto de investigación científica.

            Los partidarios de la tecnociencia mantienen que el derecho a usar  innovaciones obtiene, a no ser que se presente evidencia convincente de que causen daño, y considera que la “carga de la prueba” recae en aquellos que ejercitan el derecho, y no aceptan carga más allá de las evaluaciones técnicas de riesgo que sólo investigan riesgos a corto plazo a la salud humana y el ambiente, y sólo aquellos con mecanismos físicos/químicos/ biológicos. Las evaluaciones de riesgo técnicas pueden ser seriamente criticadas de muchas formas – que son abordadas en este curso (y de las que no hablaré ahora).

            Sin embargo, incluso si las evaluaciones de riesgo técnicas que informan qué políticas públicas serán puestas en marcha fueran abiertas a críticas de parte de otros científicos y puestas bajo réplica por pruebas independientes, complementadas por continuos monitoreos de los daños que puedan causar en contextos de uso actual, y la disposición a revisar las opiniones en respuesta a nuevas evidencias y el uso prudente del Principio Precautorio, asumir que estas evaluaciones son suficientes es una presuposición ética indefendible. También hay daños (corto y largo plazo) potenciales (y reales) a la salud, al ambiente, al bienestar social, que se presentan cuando los transgénicos son considerados como componentes de ecosistemas reales (y no solo como organismos biológicos), en los cuales el uso de transgénicos es a menudo inseparable del uso de agrotóxicos; – y como componentes de sistemas sociales: enfermedades causadas por el uso de agrotóxicos; contaminación y deterioro de los suelos (y emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera) relacionados con el uso de monocultivos, agrotóxicos y varias formas de dependencia de productos y mecanismos basados en petroquímicos, enfermedades causadas por el uso de agrotóxicos, y (merecedor de especial atención) socavar las condiciones para otras formas de agricultura, por lo tanto intensificando la inseguridad alimentaria, al desplegar mecanismos legales, de mercado y de propiedad para ganar control de más predios (‘acaparamiento de tierras’).

            Cuando estas clases de riesgos/ daños se toman en cuenta, es claro que el derecho a usar transgénicos puede colisionar con derechos más fundamentales, como el derecho a la seguridad alimentaría y el derecho a condiciones para una vida saludable. Por lo tanto, el ejercicio del derecho a usar transgénicos necesita ser circunscrito por regulaciones (que tengan sentido a la luz de varios estudios de seguridad de amplio espectro) que sean rigurosamente aplicadas. Esto requiere de investigaciones serias antes de su implementación – en concordancia con el Principio Precautorio:

Declaración a modo de resumen:

“Es obligatorio practicar la precaución cuando se consideran innovaciones tecnocientíficas, debido a sus incertidumbres sobre potenciales riesgos, y esto requiere – previo a implementación – permitir un tiempo razonable para conducir investigaciones ecológicas, sociales y otras sobre los potenciales riesgos, alternativas y el contexto causal de la innovación”.

            Los defensores del uso de transgénicos intentan rebatir este argumento al apelar a la supuesta ausencia de alternativas, y, por lo tanto, (dicen) mermar la expansión de transgénicos llevaría a la hambruna generalizada – seguramente un riesgo más grande que los que los opositores presentan. Esta refutación solo tendría mérito si la causa del uso de transgénicos fuera resultado de abordar empíricamente el espacio de las preguntas alternativas. La presuposición de que las innovaciones tecnocientíficas (como los transgénicos) son la forma del futuro en agricultura (y otros campos) subyace en el discurso de legitimización de los transgénicos –– una vez más, enfatizo la importancia de un discurso fundamentalmente distinto.

            Se puede establecer una discusión sobre el derecho al uso de transgénicos en donde- apoyado por estudios empíricos bien conducidos – su uso sea estrictamente regulado para que mitigue o prevenga daños serios. Este argumento no apoya el derecho de usar transgénicos que son usados actualmente – y dudo que los actuales usos corporativos tuvieran algún interés en usar transgénicos bajo estas condiciones.

Confirmando el derecho a usar transgénicos, sin embargo, no significa que la investigación, desarrollo e innovación de los transgénicos debiera ser prioridad en políticas públicas sobre alimentación y agricultura. Esto porque actualmente la existencia del hambre y malnutrición a lo largo del mundo no es consecuencia de cantidades inadecuadas de comida producida, y porque el derecho a la seguridad alimentaria no está bien sostenido para mucha gente en muchas regiones, la actual prioridad debiera ser cómo satisfacemos el derecho a la seguridad alimentaria para todos.

            Considerando el espacio de las alternativas, hay pocas razones para pensar que los transgénicos tengan mucho que contribuir, de seguro no las hay con los transgénicos actualmente en uso.

            Muchos movimientos sociales (más notablemente La Vía Campesina) y comunidades productoras de alimentos, proponen que las prácticas y políticas de soberanía alimentaria proveen la mejor forma de salvaguardar el derecho a la seguridad alimentaria para todos, donde la soberanía alimentaria es la aspiración (interpretada a la luz de valores de justicia social y participación popular en la toma de decisiones democráticas), para estos movimientos y comunidades (i) controlar o determinar la forma de todos los aspectos de su sistema de alimentos, (ii) producir comida saludable y suficiente en formas culturalmente apropiadas y ecológicamente sustentables, normalmente en y cerca de sus localidades; (iii) utilizar y desarrollar enfoques agroecológicos para la producción; (iv) proteger los derechos del agricultor a la semillas, tierra, agua y mercados justos, y sus comunidades, sustentos y sustentabilidad social y ambiental, y (v) desarrollar políticas regionales, nacionales e internacionales que democraticen la administración de sistemas de alimentos y ahondar en la realización de (i)–(iv).

Esta declaración, contraria a las declaraciones sobre los transgénicos, no debiera ser subestimada. La soberanía alimentaria se aproxima integralmente a las cuestiones del espacio de alternativas, y atiende directamente al derecho de seguridad alimentaria para todos en todas partes – y sus prospectos a largo plazo dependen de los resultados de investigación sobre estas preguntas. Esto requiere poner los recursos en el desarrollo de la agroecología (y prácticas agrícolas afines). En el discurso ético, cuando miramos los temas conectados con la ‘evaluación y regulación de la ingeniería genética y los organismos genéticamente modificados’ “holísticamente”, me parece que la seguridad alimentaria debiera ser la consideración principal y que los temas sobre transgénicos no debieran ser discutidos en disociación con lo que son las alternativas.

Traducción y comentarios: Ignacia Guzmán Zuloaga

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