Es Necesario un Nuevo Paradigma para Respaldar el Derecho a la Alimentación- Olivier De Schutter

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Este artículo fue publicado en South-North Development Monitor (SUNS) #7763, 14 Marzo 2014. Agradecemos a SUNS por el permiso para re- distribuir este artículo.

Génova, 13 Mar (Kanaga Raja) – Un nuevo paradigma enfocado en el bienestar, resiliencia y sustentabilidad debe ser diseñado para reemplazar el paradigma “productivista”, y, por lo tanto, respaldar de mejor forma la completa realización del derecho a la adecuada alimentación, dijo el Relator Especial de Naciones Unidas por el derecho a la alimentación, Olivier De Schutter.

“Los países ricos,” dijo De Schutter, “deben alejarse de políticas agrícolas enfocadas en la exportación y dejar espacio para los agricultores de pequeña escala en países en vías de desarrollo para abastecer mercados locales. También deben restringir sus demandas de expansión sobre tierras agrícolas mundiales para detener la demanda de alimento animal y agrocombustibles, y reducir el desperdicio de alimentos.”

En su informe final al Consejo sobre Derechos Humanos de la ONU, siguiendo el término de su periodo de seis años como Relator Especial, De Schutter destacó que la erradicación del hambre y la malnutrición es una meta alcanzable.

“El alcanzarla requiere que nos alejemos del “negocio de siempre” y mejoremos la coordinación entre los sectores, a través del tiempo y a través de distintos niveles de gobernación. Empoderar a las comunidades a nivel local, para que así puedan identificar los obstáculos que enfrentan y las soluciones que mejor les acomoden, es un primer paso,” dijo.

“Esto debe ser complementado por políticas que los apoyen a nivel nacional que aseguren la correcta secuencia entre las varias reformas políticas que sean necesarias, a través de todos los sectores relevantes, incluyendo la agricultura, desarrollo rural, salud, educación y protección social.”

En cambio, agregó, las políticas a nivel nacional y local debieran beneficiarse de un ambiente propicio internacional, en el cual las políticas que afectan la habilidad de los países de garantizar el derecho a la alimentación- en las áreas de comercio, ayuda alimentaria, alivio de deuda externa y desarrollo en la cooperación – sean re- alineadas con el imperativo de alcanzar la seguridad alimentaria, y asegurar una nutrición adecuada.

“Entendido como un requerimiento de la democracia en el sistema de alimentos, lo cual implicaría la posibilidad de las comunidades de elegir de cuáles sistemas de alimentos dependerán y cómo reformar dichos sistemas, la soberanía alimentaria es una condición para la completa realización del derecho a la alimentación,” dijo De Schutter.

El Human Rights Council está teniendo su sesión regular número 25 desde el 3 al 28 de Marzo.

En su informe final (A/HRC/25/57), presentado al Consejo a principios de esta semana, el Relator Especial destacó que la mayoría de los accionistas están de acuerdo, en términos generales, sobre la necesidad urgente de reforma.

“Medido en contra del requerimiento que debieran contribuir para la realización del derecho a la alimentación, los sistemas de alimentos que hemos heredado del siglo veinte han fracasado. Por supuesto, se ha alcanzado un progreso significativo en aumentar la producción agrícola a lo largo de los últimos 50 años. Pero esto no ha reducido el número de gente hambrienta, y los resultados nutricionales permanecen pobres.”

De Schutter destacó que los productores de alimentos a pequeña escala y los pobres rurales sin tierra, incluyendo muchos trabajadores de la tierra que apenas sobreviven del fruto de su labor en grandes plantaciones, representan la mayoría de aquellos viviendo bajo pobreza extrema.

“Sin embargo, la promoción en el pasado de una agricultura dirigida por la exportación, a menudo basada en la explotación de una fuerza de trabajo en gran parte des- empoderada, operada a expensas de las granjas familiares que producen cosechas de alimento para consumo local. Esto resultó en una situación paradójica en la cual muchos países de bajos ingresos, aunque típicamente basados en la agricultura, en economías de exportación de commodities brutos, son altamente dependientes de la importación de alimentos, algunas veces suplementados por ayuda alimentaria, ya que han descuidado la inversión en la producción local y el procesamiento de alimentos, para alimentar a sus propias comunidades.”

De Schutter continuó diciendo que ha llevado a incrementar la pobreza rural y el crecimiento de barrios bajos urbanos, y a la inhabilidad de los gobiernos de dirigirse hacia una economía más diversificada. Si esta diversificación requiere infraestructura adecuada, una fuerza de trabajo calificada, y un mercado de consumo que permita que los productores de artículos manufacturados, o proveedores de servicios, alcancen economías a escala, nada de esto puede ocurrir cuando la mitad de la población está condenada a la privación extrema.

Es esencial entonces mejorar el apoyo a los pequeños propietarios para alcanzar la seguridad alimentaria local, dijo De Schutter, añadiendo que ha explorado diferentes herramientas para conseguirlo.

Por un lado, dijo, “los sistemas de alimentos deben ser rearmados para ser más inclusivos de productores de alimentos a pequeña escala, quienes generalmente han sido puestos en desventaja en el pasado, sea como resultado de cadenas alimenticias inequitativas y porque las tecnologías agrícolas no han tomado en cuenta sus necesidades especiales.”

Con esta meta en mente, el Relator Especial notó la importancia de enfrentar los desequilibrios de poder en las cadenas de alimentos, en particular al regular el poder del comprador en situaciones donde las posiciones dominantes pueden ser una fuente de abuso: esto ha sido una dimensión completamente olvidada de las reformas que han sido promovidas desde el 2008.

En este contexto, De Schutter, entre otros, llama a reformar un régimen de derechos de propiedad intelectual sobre variedades de plantas que puedan convertir las variedades comerciales en inaccesibles para los agricultores más pobres en países con bajos ingresos.

Por otro lado, debe ser reconocido el derecho de los productores de alimentos de pequeña escala a no poder ser forzados o cooptados dentro del sistema de alimentos dominante, dijo, subrayando que el respeto al acceso a recursos productivos es clave en esta materia.

Llamando al diseño de un nuevo paradigma que apoye de mejor manera la completa realización del derecho a alimentos adecuados, el Relator Especial dijo que primero, ciertos tipos de desarrollo agrícola pueden combinar un aumento en la producción, una preocupación por la sustentabilidad, la adopción de medidas robustas que frenen los patrones de consumo insustentables, y fuertes impactos reductores de la pobreza.

Los gobiernos podrían alcanzar esto al proveer fuerte apoyo a los productores de alimentos de pequeña escala, basados en la provisión de artículos públicos para capacitación, almacenaje y conexión a mercados, y en la diseminación de modos de producción agroecológicos.

Además, se deben tomar medidas para desarrollar los mercados locales y las plantas locales de procesamiento de alimentos, combinado con políticas de comercio que apoyen dichos esfuerzos y, al mismo tiempo, reducir la competencia entre los gustos lujosos de algunos y las necesidades básicas de otros.

Segundo, tal como los sistemas alimentarios múltiples deben combinar para mejorar la resiliencia a través de la mejora de la diversidad, distintas formas de agricultura pueden coexistir, cada una completando una función diferente, dijo, añadiendo: “El ejemplo de Brasil sugiere que las granjas familiares pueden ser apoyadas incluso en vecindad a productores agrícolas de gran escala y altamente competitivos, y dicha coexistencia puede ser viable, dado que el gobierno está consciente de las distintas funciones que distintos modelos agrícolas sirven para completar, y adopta un enfoque balanceado hacia ellos.”

En muchos países, sin embargo, esta coexistencia ha fracasado, y el balance se ha inclinado casi completamente a favor del sector de gran escala y dirigido por la exportación, destacó De Schutter. “La lección que emerge es que la transición hacia políticas agroalimentarias que apoyen la realización del derecho a la alimentación requiere esfuerzos políticos importantes para reestructurar el apoyo alrededor de formas de agricultura agroecológica, intensiva en trabajo, reductora de la pobreza.”

De acuerdo al informe, mientras que un número de razones explican la falta de inversión en la producción de alimentos que satisfagan necesidades locales – incluyendo en particular la carga de la deuda externa (lo que lleva a los países a enfocarse en cultivos comerciales para exportación) y la a menudo débil responsabilidad de gobiernos para con los pobres rurales – la adicción a importaciones de comida a bajo costo también es causada por la masiva sobreproducción en países exportadores con mejor situación, lo cual es estimulado por medio de subsidios que van a los grandes productores agrícolas en aquellos países, y los cuales aseguran acceso a materia prima de bajo costo para la industria de procesamiento de alimentos.

“Y es facilitado por el crecimiento del comercio internacional y el correspondiente aumento del rol de grandes corporaciones de agroindustria en los sistemas de alimentos,” dijo De Schutter, añadiendo que mientras se reconstruyen los sistemas de alimentos locales en países en vías de desarrollo es vital para expandir oportunidades a productores de baja escala, y, al mismo tiempo, mejorar el acceso a alimentos frescos y nutritivos para todos, depende fundamentalmente de la reforma de los sistemas de alimentos en países ricos.

“Sin embargo, dicha reforma enfrenta obstáculos importantes. Los variados elementos de los sistemas de alimentos han co- evolucionado a lo largo de los años, forjados por el paradigma productivista que ha dominado el diseño de políticas alimentarias y agrícolas por décadas.”

El informe destaca: “El sector agrícola se ha vuelto altamente dependiente de subsidios agrícolas que han favorecido la producción de commodities para el ganado o la industria procesadora de alimentos – maíz, soya y trigo, en particular – más que para alimentos, y ha llegado a depender de combustibles de bajo costo por su modo altamente mecanizado y es intensiva en insumos, reemplazando el conocimiento del agricultor.”

De acuerdo a De Schutter, incluso sin tomar en cuenta los subsidios para el consumo de combustibles fósiles de parte de productores agrícolas, los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD) subsidiaron su sector agrícola en US$259 billones en 2012.

Esto ha alentado la expansión de la industria procesadora de alimentos, gracias a la disponibilidad de insumos de bajo costo y el despliegue de infraestructura – en la forma de silos y plantas procesadoras – que han sido formadas por y para la agroindustria.

“Las grandes corporaciones de agronegocio han llegado a dominar cada vez más los mercados globalizados gracias a su habilidad de alcanzar economías de escala y por varios efectos de redes. En el proceso, los productores de pequeña escala han sido marginados porque, aunque pueden ser altamente productivos por hectárea y altamente eficientes respecto a los recursos si son proveídos con el apoyo adecuado, son menos competitivos bajo las condiciones de mercado prevalentes,” dijo.

El Relator Especial dijo que estos desarrollos han ocasionado un alto costo ecológico. “Debido a los nexos entre la agricultura, la dieta y la salud, también imponen una carga considerable en los sistemas de atención a la salud. Han llevado, finalmente, a la despoblación de áreas rurales. Sin embargo, ya que estos distintos componentes de los sistemas de alimentos formados durante el pasado medio siglo se han fortalecido uno al otro, se han convertido en callejones, aparentemente bloqueando cualquier posibilidad transformativa real.”

Pero se puede alcanzar el cambio, y las acciones deben ser en tres niveles para democratizar las políticas de seguridad alimentaria, y así debilitar los encierros existentes y permitir que estas políticas formen el nuevo modelo del que habla, dijo el Relator Especial.

A nivel local, la clave para la transición es reconstruir los sistemas locales de alimentos, y así descentralizar los sistemas de alimentos y hacerlos más flexibles, pero también crear lazos entre las ciudades y sus territorios interiores rurales, para beneficio tanto de los productores locales como los consumidores.

A nivel nacional, además del apoyo a innovaciones locales, se deben desplegar estrategias multi- sectoriales. Dichas estrategias debieran gatillar un proceso en el cual se haga un progreso hacia el apoyo de una re- inversión en la producción local de alimentos, enfocada en productores de pequeña escala en países donde representen una proporción importante de los pobres; hacia la diversificación de la economía, para crear oportunidades para actividades generadoras de ingresos; y hacia el establecimiento de firmes esquemas de protección social, para asegurar que todos los individuos tengan acceso a alimentos nutritivos en todo momento, incluso si no tienen acceso a recursos productivos y/o a empleo.

A nivel internacional, dijo De Schutter, una mayor coordinación debe ser alcanzada entre las acciones tomadas a nivel multilateral, regional y nacional, con visión a crear y permitir el ambiente internacional – recompensar y respaldar los efectos domésticos hacia la realización del derecho a la alimentación, en vez de obstruirlo.

“En cada uno de estos niveles, el derecho a alimentos adecuados posee un rol clave en guiar los esfuerzos de todos los actores, para asegurar la participación de aquellos afectados por el hambre y la malnutrición, y establecer mecanismos de responsabilidad apropiados,” dijo De Schutter.

Sobre reconstruir los sistemas de alimentos locales, el Relator Especial dijo que la modernización de las cadenas de suministro de alimentos, junto a la implementación de políticas agrícolas enfocadas más en la producción de commodities que en los alimentos, ha resultado en la marginación de sistemas de alimentos locales en los años recientes.

“Esta tendencia debe ser revertida. Los productores de alimentos de pequeña escala deber ser proveídos con más oportunidades para comercializar en mercados locales, los que pueden ser abastecidos más fácilmente por ellos sin tener que ser dependientes de grandes compradores.”

De acuerdo al Relator Especial, los sistemas locales de alimentos pueden ser reconstruidos a través de inversiones apropiadas en infraestructura, envasado, instalaciones de procesamiento, y canales de distribución, y al permitir al pequeño agricultor organizarse en formas que produzcan economías a escala y permitirles moverse hacia actividades de mayor valor en la cadena de suministros de alimentos.

“Esto apoyaría el desarrollo rural y la reducción de la pobreza rural, y desaceleraría la migración del campo a las ciudades,” dijo De Schutter, añadiendo que el fortalecimiento de sistemas locales de alimentos también mejoraría la resiliencia de las ciudades.

Hacia 2050, cuando la población mundial haya alcanzado 9.3 billones, alrededor de 6,3 billones de estos habitantes, más de dos de cada tres, serán urbanos, bajo las tasas actuales de migración rural- urbana. Bajo un escenario del “seguimos así”, se espera que la población rural disminuya globalmente después del 2020: habrá 300 millones menos de habitantes rurales en 2050 de los que había el 2010.

“Mientras crece la competencia entre trasladar la tierra hacia un uso urbano o industrial y el perímetro peri- urbano, y mientras los crecientes suministros de alimentos crean desafíos logísticos sin precedentes para la distribución de alimentos y sistemas de transporte, es vital que las ciudades enfrenten sus dependencias alimenticias, identificar las debilidades y potenciales puntos de presión, y, donde sea posible, desarrollar una variedad de canales a través de los cuales puedan procurar sus alimentos.”

De Schutter destacó que una amplia gama de innovaciones sociales han emergido en años recientes para respaldar la reconstrucción de los sistemas locales de alimentos, primariamente a través de la reconexión de consumidores urbanos con los productores locales de alimentos. En Montreal, Canadá, por ejemplo, las iniciativas de agricultura urbana incluyen un programa de jardines comunitarios manejados por la Ciudad, y jardines colectivos manejados por organizaciones comunitarias, con impactos que van más allá de mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, sino que también contribuyen a metas educacionales y de empoderamiento.

En Brasil, dijo De Schutter, estuvo impresionado por los logros de la estrategia Cero Hambre, lanzada en 2003.

Destacó que esta estrategia incluye una gama de programas basados en territorio y buscan respaldar la habilidad de los “agricultores familiares” de alimentar a las ciudades: entre las innovaciones están el reconocimiento constitucional de la agricultura familiar campesina y la creación de un ministerio específicamente dedicado a suplir sus necesidades (el Ministerio de Desarrollo Agrario), un programa de restaurantes de bajos recursos, bancos de alimentos, cocinas comunitarias, cisternas y la mejora de instalaciones para el almacenamiento de alimentos en áreas rurales, así como también alentar la economía de “solidaridad social.”

“El derecho a la alimentación es central para el éxito de los esfuerzos de reconstruir los sistemas locales de alimentos,” destacó.

El Relator Especial dijo que ha alentado consistentemente la adopción de estrategias nacionales en apoyo a la realización progresiva del derecho a una adecuada alimentación, en línea con las recomendaciones del Committee on Economic, Social and Cultural Rights en su comentario general No. 12 sobre el derecho a la adecuada alimentación (párrafo 21) y con la guía 3 de las Guías Voluntarias para Respaldar la Realización del Derecho a la Adecuada Alimentación del Contexto de la Seguridad Alimentaria Nacional.

Se vio inspirado por el progreso hecho en un número de regiones, aunque especialmente en Latinoamérica y África, hacia la implementación de estas recomendaciones.

Dichas estrategias son un componente clave para la gobernación de la realización de la transición hacia sistemas sustentables de alimentos que puedan contribuir a la erradicación del hambre y la malnutrición, dijo De Schutter, añadiendo que sin importar cuán innovadores sean, las iniciativas locales sólo pueden alcanzar el éxito, y ser extrapoladas por la replicación de experimentos exitosos a través de grandes regiones, si son apoyadas, o al menos, que no sean obstruidas por políticas adoptadas a nivel nacional.

“Más aun, los resultados de pobreza nutricional son explicados por una gama de factores, y el combate del hambre y la malnutrición requiere que se tome en cuenta el set completo de causas inmediatas, subyacentes y básicas, a nivel individual, doméstico y societario, respectivamente: esto requiere de un enfoque multisectorial, que involucra la gama completa de ministerios relevantes.”

De acuerdo al Relator Especial, las estrategias de transformación deben ser adoptadas con vista a garantizar el acceso a alimentos adecuados para todos al simultáneamente apoyar la habilidad de los productores de alimentos de pequeña escala de producir alimentos de manera sustentable, mejorando las oportunidades de empleo en todos los sectores y fortalecer la protección social.

“La sustitución gradual de políticas enfocadas en materias primas alimentarias de bajo costo basadas en protección social de derechos, como medio de asegurar el acceso a alimentos adecuados para los grupos más pobres de la población, una vez más ilustra la importancia de una cuidadosa secuencia de reformas,” dijo, añadiendo que hoy, del 75 al 80% de la población mundial aun no tiene acceso a seguridad social para escudarse de los efectos del desempleo, enfermedad o discapacidad- sin mencionar los fracasos de las cosechas o el perjuicio en los precios de los alimentos.

Notando que ahora hay un consenso internacional en favor de hacer prioridad de la completa realización del derecho a seguridad social, De Schutter recomendó que los sistemas de protección social sean fortalecidos en todos los países, y que la agenda de protección social y agrícola debe estar mejor alineada una con otra, para gradualmente tener éxito en hacer la transición.

El Relator Especial dijo que la progresiva realización del derecho a la alimentación también requiere de la mejora de la gobernación global, notando que desde su reforma en 2009, el Committee on World Food Security (CFS) ha estado contribuyendo de manera importante a la agenda de seguridad alimentaria. “De hecho, tal como las iniciativas a nivel local no pueden tener éxito sin el apoyo de estrategias de derecho a la alimentación a nivel nacional, los esfuerzos a nivel doméstico requieren de apoyo internacional para dar frutos.”

Junto con el Reporte Sobre la Pobreza Extrema y Derechos Humanos, el Relator Especial dijo que ha abocado, por ejemplo, por el establecimiento de un Fondo Global para la Protección Social, para así superar los obstáculos financieros y construir solidaridad internacional para lograr el derecho a la alimentación y el derecho a la protección social en países en desarrollo, particularmente aquellos donde son vulnerables a riesgos covalentes tales como sequías y alta volatilidad en los precios de los alimentos.

“La Novena Conferencia Ministerial de la WTO, en Bali, Indonesia, del 3 al 7 de diciembre del 2013, fracasó en poner la seguridad alimentaria por sobre las preocupaciones comerciales, y provee una ilustración textual de la necesidad de mejorar la coherencia de la gobernación global para la realización del derecho a la alimentación: no hay área, ni siquiera comercio, que debe ser dejada de lado en las discusiones que respectan a este objetivo supremo,” dijo.

Durante la presentación de su informe al Consejo el 10 de marzo, De Schutter destacó que no todas las políticas sectoriales están alineadas con el nuevo paradigma de la post crisis de alimentación. En particular, dijo, muchos negociadores comerciales aun tienden a medir el éxito por el incremento en volumen de comercializaciones, más que por las mejoras en desarrollo rural y la reducción de pobreza rural.

“Contra dicho historial, la mejor alineación de políticas comerciales en la nueva agenda de seguridad alimentaria debe ser tratada como una prioridad urgente,” enfatizó De Schutter. +

Third World Network (TWN)

Traducción: Ignacia Guzmán Zuloaga

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