Un arcoiris en la mesa del comedor

 

 

“Cómanse el arcoíris al día”, recomendó  al despedirse de la audiencia la experta en nutrición, doctora Dolores Raigón.  Su festivo consejo estaba orientado  a  precisar que es necesario tener en nuestra dieta verduras y frutas de distintos colores,  para contar con las vitaminas, los minerales y los elementos bioactivos presentes en una dieta sana.

La  académica de la Universidad Tecnológica de Valencia, España, impartió el pasado 19 de enero, el seminario “Nutrición, alimentos tradicionales y agroecología”, en la Universidad Academia Humanismo Cristiano de Santiago. La actividad fue organizada por la Red de Acción en Plaguicidas Chile, el proyecto Biodiversidad de la Provincia del Huasco y la Cooperativa Verde, culminando así una gira de la doctora Raigón por diversas regiones de Chile en las que dialogó con comunidades  campesinas e indígenas. En Santiago el auditórium universitario se colmó con público muy diverso integrado por productores agrícolas, estudiantes, investigadores, ambientalistas, terapeutas, apicultores, cocineros y terapeutas.

Comentó la académica que a nivel global, el segundo mayor gasto de los gobiernos (después de la compra de armas) es el gasto en salud. Llamó entonces a entender que si la población cuenta con alimentos sanos, tendrá salud y convocó a los presentes a derribar el mito de que es caro comer orgánico, puesto que hay que tomar en cuenta que esa alimentación previene las enfermedades.  Diferenció el concepto de nutrición del de nieta. Calificó la nutrición como un proceso de carácter inconsciente, precisando que la dieta sí es algo que depende de nosotros. La dieta es el conjunto de alimentos que ingerimos y que debiera ser suficiente, adecuado a las necesidades de cada uno, y equilibrado.

Respecto de la interrogante de cómo  pierden los alimentos su valor nutritivo,  la Dra. Dolores Raigón mencionó 4 causas sobre las cuales se debería operar simultáneamente para revertir esa tendencia. Hay que recuperar la fertilidad biológica de los suelos; es imperativo dejar de sustituir las variedades locales por variedades híbridas; se debiera evitar  la recolección prematura y maduración en cámaras; y es necesario promover los mercados locales, en lugar de consumir productos que recorren largas distancias entre su  origen ay destino. Puso énfasis la investigadora –agrónoma de profesión – en que hay que vincular la recuperación de semillas tradicionales con el consumo de estos alimentos, afirmando que actualmente la industria ha acostumbrado a nuestros paladares a considerar agradables sabores que son totalmente artificiales y tienen nombres que ocultan su origen totalmente químico. Dio como ejemplo los helados industriales de vainilla o de frutilla, que al ser analizados en sendas fiscalizaciones sanitarias, sólo contienen insumos químicos.

Entregó datos duros de investigaciones que comprobaron (en Dinamarca) el impacto de una alimentación sana en una familia tipo, a través del análisis de la orina de cada uno de sus miembros, comparando  una dieta orgánica con una dieta basada en alimentación convencional.

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