(en la foto, Clare Westwood de PAN Asia-Pacífico frente al poster chileno)

Científicos, funcionarios de gobiernos y miembros de ONGs de África, América Latina, Asia y Europa se capacitaron en evaluación de riesgos respecto de insectos, vacunas transgénicas y plantas tolerantes al estrés, en un  curso organizado por el Centro Genok de Bioseguridad de Noruega. El curso estaba enmarcado en el lema “La Bioseguridad está Primero”, en contraste con América Latina, donde lo primero para los gobiernos es que sus leyes le sirvan a las transnacionales y las evaluaciones de riesgo -o impacto ambiental- son llevadas a cabo directamente por las empresas proponentes de los cultivos transgénicos.

Entre los expositores estaban Jack Heinemann del Centro de Investigación Integral en Bioseguridad de Nueva Zelanda /GenØk; Angelika Hilbeck, del Instituto Federal Suizo de Tecnología; Brian Wynne, Universidad de Lancaster, Reino Unido; Andreas Heissenberger, Agencia Federal del Medio Ambiente de Austria; Helen Nair de la Universidad Premier International Perak y  Lim Li Lin de la Red del Tercer Mundo, ambas de Malasia,  junto a Ben Gilna, Thomas Bøhn, Fern Wickson, Georgina Catacora, Frøydis Gillund, Malachy Okeke, David Quist y Anne I. Myhr, todos de GENOK.

Las ONGs participantes eran PAN Asia Pacífico (con Clare Westwood, Malasia), RAP-AL (Lucía Sepúlveda, Chile); la Red por una América Libre de Transgénicos, RALLT (Elizabeth Bravo, Ecuador), la Asociación de Consumidores y Usuarios de Perú (Cecilia  Mendiola, Perú), la Coalición Protectora de la Semilla Africana (René Segbenou, Benin), y Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente, Universidad de Buenos Aires (Walter Pengue, Argentina).

El caso de los mosquitos transgénicos

OXITEC, la empresa británica que  desarrolla estos insectos manipulados genéticamente, los promueve como la fórmula ideal para  reducir la población de mosquitos vectores del dengue (Aedes aegypti). Ya se han liberado mosquitos transgénicos en Malasia, en Brasil (millones, a campo traviesa), y  en un remanente colonial británico: las Islas Caimán, donde la población no fue consultada en absoluto. Su sistema reproductivo se modifica a través de la

Técnica del Insecto Estéril (SIT, por su nombre en inglés), en que la hembra no puede volar ni copular, y/o de la incorporación de un gen letal (RIDL). Estos mosquitos son resistentes a la tetraciclina, es decir, podrían  reactivarse en un medio que la contenga. Este antibiótico se usa también como lubricante, y aditivo en el forraje.

Posibles fugas de insectos alterados genéticamente pueden generar daño o pérdida de otras especies, alteraciones de comunidades ecológicas o de procesos, y creación de un nuevo nicho para enfermedades ya conocidas o antiguas. Además, podría haber daños en la salud de seres humanos y animales por la generación de cambios en la capacidad de los vectores.

 

La experiencia desarrollada en Malasia en un ámbito geográfico limitado fue expuesta por representantes de ese gobierno y una académica, junto con OXITEC. Mientras la versión oficial hablaba de un proceso impecable, la representante de PAN Asia Pacífico criticó que en el periodo de 30 días de participación ciudadana, se les denegó información sobre los virus y promotores utilizados y sólo se informó del evento a los interesados vía avisos de prensa. Gene Watch asesoró a PAN AP en la presentación de observaciones fundadas, que no fueron consideradas por la autoridad sino solo respondidas formalmente de acuerdo a las exigencias de una Ley de Bioseguridad que debutaba precisamente con ese evento. La liberación de mosquitos se dio sin anuncio previo, a fines de diciembre de 2010. Según se informó, la Comisión de Bioseguridad de Malasia vetó la participación permanente de un representante de la Red del Tercer Mundo en esa instancia asesora, aduciendo que la red ya tenía una opinión formada en contra de los transgénicos. En el curso, esa medida dio lugar a un intenso debate sobre la participación ciudadana y la falta de independencia de representantes de la industria y el gobierno en esas instancias.

 

Viana Barceló, del Centro Nacional de Bioseguridad  de Cuba expuso acerca de un proyecto de introducción de mosquitos transgénicos de OXITEC, oficialmente cancelado por no cumplir con los estándares de seguridad vigentes. En el ensayo confinado hubo fuga de mosquitos; algunos picaron a trabajadores del laboratorio, ocasionándoles alergia; una hormiga y una araña entraron al recinto generando un riesgo de contaminación. Sostuvo Viana que   Cuba no desea que ningún predador se alimente de mosquitos transgénicos, porque las consecuencias de eso para la biodiversidad son desconocidas. No descarta a futuro se utilice esta alternativa en mejores condiciones de bioseguridad, por los elevados gastos que requiere el control del dengue en la isla, donde se cuenta también con medios de control biológico del mosquito Aedes aegypti.

 

Vacunas transgénicas virales

 

Son vacunas para animales o humanos, producidas a través de la modificación del gen o genoma de un virus mediante la recombinación de ADN o por técnicas de la biología sintética. Se utilizan actualmente el virus de la viruela, el adenovirus, el parvovirus y el retrovirus, entre otros, prefiriéndose vectores que no sean capaces de replicarse.

El doctor Malachy Ifeangy Akake, doctor en biología molecular, investigador en las interacciones entre virus, dejó planteada el interrogante acerca de si se debe rechazar la autorización de una vacuna clínicamente exitosa sobre la base de un riesgo científico no comprobado y se mostró partidario de buscar un consenso. Entre los ejemplos de posibles daños por vacunas transgénicas mencionados en la exposición de Chin Li Lin, destacada científica de la Red del Tercer Mundo (Third World Network), está la expansión no deseada del transgénico/vacuna y la replicación en nuevos huéspedes, lo cual puede aumentar la intensidad de la enfermedad viral. También puede haber efectos negativos en especies no objetivo de la vacuna con nuevos híbridos recombinados de características impredecibles. Podría ocurrir que la vacuna diseñada a partir de un virus y otros elementos genéticos tenga inestabilidad genética y fenotípica, o sea cambie de forma importante su constitución.

 

Plantas resistentes a la sequía, al frío y otros

 

La capacidad de resistencia a la sequía es una reacción compleja que no involucra a un solo gen, sino a una diversidad de mecanismos y combinaciones, explicaron los científicos. Además la sequía se ve acompañada por la alta temperatura y baja disponibilidad de nutrientes, otros factores de estrés. Entre los ejemplos mencionados para este rubro está la inserción en el maíz de proteínas CspA (de Escherichia coli) y CspB (de Bacillus subtilis) llamadas “de shock frío/calor”.

Entre los posibles efectos adversos están la amenaza a la biodiversidad, la expansión de la agricultura a tierras “marginales”, la contaminación por genes a variedades convencionales o silvestres, la posible afectación del rasgo de tolerancia en otros mecanismos de tolerancia de la planta; la aparición de súper malezas, el potencial de colonizar un ecosistema externo al cultivo con consecuencias sobre las especies y poblaciones que allí viven.

 

La semilla campesina y los pueblos

En el curso había científicos y reguladores africanos involucrados en el desarrollo de transgénicos, pero también tuvieron destacada participación los representantes de la Coalición Protectora de la Semilla Africana, integrada por los siete países francófonos. Ellos han logrado imponer una moratoria a los transgénicos, y paralelamente han autogestionado tres cursos de posgrado en Bioseguridad para seguir resistiendo esta amenaza.

Amgai Reshan, representando al gobierno de Nepal, expuso que su país no necesita cultivos transgénicos y su objetivo es proteger su rico patrimonio genético local como centro de origen del arroz y la berenjena, entre otros. “El arroz está en el corazón, en la cabeza y el estómago de los nepalinos”, dijo Reshan. El país asiático mejorará el rendimiento de sus cultivos utilizando técnicas de Selección Asistida por Marcadores Moleculares, utilizando técnicas de la biotecnología que no implican transgenia.

Por otra parte, Catalina Toro, académica de la Universidad Nacional de Colombia, informó de una demanda de un conjunto de organizaciones sociales contra el Estado colombiano por la introducción ilegal de decenas de transgénicos en forma forzada durante el gobierno de Alvaro Uribe.

La campaña por la moratoria en Perú y la alianza de organizaciones urbanas y campesinas en defensa de sus alimentos nativos concitó gran interés.

La situación de Chile fue expuesta en un poster, y se recogieron comentarios negativos sobre el proyecto de tomate/vacuna contra la hepatitis y el cólera llevado adelante por la Universidad Católica con el apoyo de la Fundación Ciencias para la Vida (Monsanto). El comentario de Jack Heinemann fue que utilizar un cultivo alimentario como vacuna era, por decir lo menos, una tontería. En los debates se destacó la total desprotección de Chile frente a las posibles amenazas, dado que el país no es firmante del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad ni menos del nuevo suplemento recientemente generado en Nargoya sobre el mismo tema.

 

La falta de certeza y la evaluación de riesgos

 

Froydis Gillund describió la falta de certeza cuantitativa como “la inexactitud derivada del hecho de que se conoce que hay posibles peligros, pero la probabilidad de ocurrencia es desconocida”. En términos cualitativos, la falta de certeza incluye “la ignorancia (no saber qué es lo que no sabemos), la ambigüedad (nos movemos desde distintos marcos de referencia) y la indeterminación (no incluimos todos los factores e interacciones relevantes)”.

Jack Heinemann enfatizó en que la evaluación científica de riesgos debe ser “transparente, independiente, verificable y  reproducible teniendo como guía lo que se quiere proteger”. De allí se desprenden los impactos adversos y peligros de tipo ambiental y socioeconómico. La carga de la prueba de una afirmación de seguridad debe estar en el proponente. La información debe ser específica para las características del país donde se va a introducir el OGM. “Hay que establecer una línea de base a la cual aplicar los indicadores y tomar en cuenta las alternativas”.

Angelika Hilbek, miembro de la iniciativa global Proyecto OGMs de Evaluación de Riesgos (GMO ERA Project), expuso un nuevo método de análisis que integra a la Evaluación de Riesgos,  la Formulación del Problema (es decir, por qué es necesario el OGM) y la Evaluación de Opciones, centrándose en la participación de las personas en todo el proceso de toma de decisiones. La autoridad europea EFSA solo incorpora el modelo de Formulación del Problema aportado por la industria, aunque realiza su propia evaluación de riesgos. Científicos ligados a la industria han intentado de forma grosera bajar el perfil y quitar el financiamiento a las investigaciones de Hilbek, que muestran efectos negativos de cultivos transgénicos en insectos beneficiosos como la chinita.

El concepto de ciencia hoy 

El académico Brian Wynne reflexionó al cierre del curso que hoy nos encontramos frente a una ciencia aplicada, orientada a la producción y elaboración de políticas. La denominó “epistemología extractiva, obligada a mostrar resultados a los inversionistas que están financiando la investigación científica”.

Fern Wickson introdujo la ética en la discusión sobre transgénicos, sugiriendo que en la evaluación de riesgos de los transgénicos debería haber representantes de un Comité de Ética, y eso permitiría que en ocasiones, a partir de la información entregada por los científicos, se pudiera adoptar una decisión basada en consideraciones éticas.

Fuente: revista Enlace 94, sección  Transgénicos en el mundo

Por Lucia

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